Por NÉLSON ABRÉU

CICLONOTICIAS.NET


Vivimos dentro de una trama que llamamos espacio, tiempo y energía, pero quizá esa trama no sea solamente el escenario donde ocurre nuestra existencia. Quizá sea también el medio por el cual aquello que no vemos adquiere forma, límite, presencia y experiencia.

Durante mucho tiempo hemos hablado de conciencia como si supiéramos exactamente qué estamos nombrando; sin embargo, cuando intentamos señalarla, definirla o localizarla, la palabra parece abrir una pregunta mayor que la respuesta. Podemos observar el cerebro, estudiar sus estructuras, registrar su actividad y comprender cada vez más los procesos mediante los cuales percibimos, recordamos, deseamos, tememos y pensamos, pero una cosa es describir la actividad de la biología y otra explicar aquello que hace posible la experiencia de estar aquí.

Tal vez por eso convenga detenernos antes de convertir la conciencia en una nueva certeza.

También hablamos de observar el pensamiento. Pero ¿qué es el pensamiento antes de que le pongamos un nombre? ¿De dónde aparece? ¿Dónde termina? El pensamiento puede ser entendido como una actividad de nuestra condición biológica: surge, relaciona, anticipa, recuerda, teme, desea y organiza nuestra relación con el mundo. Como la respiración, acontece dentro de nosotros antes de que podamos apropiarnos de ella mediante un concepto.

Entonces quizá la transformación no consista en luchar contra el pensamiento, ni en convertirnos en jueces permanentes de lo que pensamos. Tal vez consista en reconocer que el pensamiento es una manifestación de nuestra condición encarnada, pero que ninguna manifestación agota aquello que somos.

Hay algo que me ha acompañado durante este tiempo: la intuición de que ninguna forma agota aquello que la atraviesa.

El cuerpo es forma.

El pensamiento es forma.

La palabra es forma.

La doctrina es forma.

La historia que contamos sobre nosotros mismos también es una forma.

Pero aquello que atraviesa esas formas puede ser más amplio que cualquiera de ellas, por eso, la encarnación resulta tan misteriosa. Aquello que no vemos adquiere aquí una expresión concreta: una biología, una mirada, una voz, una decisión, una relación, una historia. Lo invisible no necesariamente permanece sin manifestarse; encuentra condiciones para hacerse presencia.

Y quizá sea precisamente ahí donde espacio, tiempo y energía dejan de ser simples conceptos físicos y se convierten, para nuestra experiencia, en el ámbito donde la existencia se revela.

Jesús utilizaba parábolas. No parece casual que muchas de ellas nos entregaran el significado completamente cerrado. La roca, la semilla, el camino, la luz, el oído, la mirada: formas sencillas que podían ser atravesadas por quien tuviera la disposición de escuchar más allá de la superficie.

“El que tenga oídos para oír, que oiga”. Quizá escuchar sea precisamente eso: no quedarse prisionero de la forma. Porque una palabra puede señalar, pero no contener completamente aquello que señala. Una parábola puede abrir una puerta, pero no caminar por nosotros. Una doctrina puede ordenar una experiencia, pero no necesariamente agotar el misterio que la origina.

Tal vez nuestra tarea en este espacio de vida no sea alcanzar una definición definitiva de aquello que somos, sino aprender a permanecer suficientemente abiertos para que la existencia pueda revelarnos algo que todavía no sabemos nombrar.

Estamos aquí, atravesados por el tiempo, sostenidos por una biología, habitando un espacio, participando de una energía que constantemente se transforma. Pensamos que observamos la vida, cuando quizá también somos una de las maneras mediante las cuales la vida se observa, se expresa y adquiere presencia.

Y entonces la pregunta cambia. Ya no es solamente: ¿qué es la conciencia?

Puede ser: ¿qué es aquello que, atravesando nuestra forma, nos permite estar aquí? Quizá todavía no tengamos la respuesta, y tal vez, precisamente por eso seguimos pensando, mirando, escuchando y viviendo.

El autor es Licenciado en derecho

Reside en Bonao, provincia Monseñor Nouel

Agosto 24, 2026